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La SIP somete a Comisión Interamericana casos de asesinatos impunes de periodistas colombianos

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) sometió ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), una denuncia formal por los asesinatos impunes de dos periodistas colombianos, cuyos procesos judiciales prescribieron este año.

Los casos enviados el pasado 2 de diciembre a la CIDH son los de Julio Chaparro y Jorge Torres, los cuales no pudieron ser esclarecidos por las autoridades colombianas durante los 20 años desde que trascurrieron sus asesinatos.

Chaparro, periodista de 29 años y Torres, reportero gráfico de 39, fueron asesinados el 24 de abril de 1991 en Segovia, municipio en el departamento colombiano de Antioquia, a donde habían sido enviados por el diario El Espectador de Bogotá para documentar las secuelas de una masacre ocurrida allí dos años antes, la cual dejó 43 muertos.

Las investigaciones periodísticas, realizadas por la Unidad de Repuesta Rápida de la SIP en Colombia, fueron sometidas a la CIDH con la intención de que el sistema interamericano inste al Estado a poner fin a la impunidad de estos crímenes. Los homicidios prescribieron tras el plazo legal de 20 años. Una reciente reforma en Colombia, aunque no es retroactiva, elevó a 30 años el término de prescripción.

El presidente de la Comisión de la SIP Contra la Impunidad, Juan Francisco Ealy Ortiz, destacó que “confiamos que con la mediación de la CIDH se logre un buen diálogo, a fin de hacer justicia y se repare moralmente la figura de las víctimas, a sus familiares y colegas”. Ealy Ortiz, presidente del diario mexicano El Universal, agregó que la resolución de estos casos, “sentaría un importante precedente para que ningún crimen quede impune en Colombia”.

La SIP argumentó que en ambos casos fueron violados los artículos 4, Derecho a la vida; 5, Derecho a la integridad personal;8, Garantías Judiciales; 13, Derecho a la libertad de pensamiento y de expresión; y 25, Derecho a la protección judicial, contemplados en la Convención Americana sobre los Derechos Humanos. La propuesta de la SIP también argumentó que fueron quebrantadas las garantías fundamentales a familiares y colegas de las víctimas, al negárseles el derecho a conocer la verdad y garantizarles justicia.

Desde 1997, la SIP ha sometido ante a la CIDH 29 casos impunes de asesinatos contra periodistas ocurridos en Bolivia, Brasil, Colombia, Guatemala, México y Paraguay. Hasta el momento, la CIDH admitió 12 de estos casos y ha pedido mayor documentación y pruebas a la SIP sobre otra decena de ellos.

La SIP es una entidad sin fines de lucro dedicada a la defensa y promoción de la libertad de prensa y de expresión en las Américas. Está compuesta por más de 1.300 publicaciones del hemisferio occidental y tiene sede en Miami, Estados Unidos. El Proyecto de la SIP Contra la Impunidad cuenta con el auspicio de la Fundación John S. y James L. Knight y tiene la misión de combatir la violencia en contra de los periodistas y disminuir la impunidad que rodea a la mayoría de esos crímenes

Periodista pide ayuda para tratamiento por enfermedad ocular

Periodistas de Piedecuesta hicieron un llamado a los colegas y ciudadanía para salvar la vida del periodista Pedro Miguel Villamizar, quien lamentablemente perdió un ojo tras padecer una enfermedad, y necesita de manera urgente transfusión de sangre tipo A positivo, post cirugía.

El periodista, de 60 años de edad, es colega del medio radial y se desempeña en el programa “La Tormenta política”, que emite Radio Primavera.

Villamizar, miembro de la Corporación de Periodistas y comunicadores sociales de Santander y del Colegio Nacional de Periodistas, informó que desde el pasado 26 de noviembre fue internado de urgencia en la clínica Foscal, donde hicieron todos los esfuerzos para salvar su ojo derecho, afectado por una extraña infección ocular, pero no fue posible.

En diálogo con esta redacción, Villamizar informó que “éste es uno de esos momentos difíciles, me han hecho después de la cirugía dos transfusiones y mi estado de salud sigue siendo delicado, llamo a la solidaridad de colegas y amigos y de la ciudadanía que quiera donarme sangre para mi pronta recuperación”.

Según explicó el comunicador Felipe Castellanos, además de necesitar las transfusiones de sangre, “se pide la colaboración de la ciudadanía con el propósito de reunir recursos económicos para costear las sesiones de cirugía y estadía en la Foscal, droga y demás trámites de tratamiento”.

Cornucopias

tarjetas_euromillonesLas famosas Cornucopias o tarjetas cornucopias, son el soporte ofrecido por varias empresas en el sector de la lotería o la impresión. En su mayoría, estas tarjetas cuentan con medidas de seguridad, aunque no todas las marcas emplean los mismos sistemas a la hora de proteger el interés de sus clientes, por lo que debemos ser cautos a la hora de elegir con quien realizamos nuestras tarjetas.

¿Qué medidas de seguridad deben llevar mis cornucopias?

Aunque todas las empresas cuentan con sus propios sistemas de seguridad, algunas mejoran ampliamente en estos aspectos a otras. Para comprobar si nuestros sistemas de seguridad son los adecuado solo tenemos que tener en cuenta las siguientes premisas.

  • Hologramas de Seguridad. Los hologramas de seguridad son un elemento distintivo de las cornucopias con gran impacto visual, ya que al reflejo con la luz, emite destellos. Por norma general los hologramas de las tarjetas cornucopias suelen ser de color plateado o dorado.
  • Tintas Invisibles. Aunque es un sistema que a primera vista no podemos comprobar, algunas empresas ofrecen impresiones con tinta invisible para proteger aun más el soporte.
  • Cifrados de Seguridad. Cifrados secuenciales similares a los cheques bancarios.

Al menos debemos comprobar que nuestras cornucopias cuentan con los medios anteriormente citados.

¿Cómo funciona el juego?

Aunque muchos conocen las Cornucopias o Eurotarjetas como una especie de participaciones de Euromillones, lo cierto es que la mayoría de las empresas ofrecen la posibilidad de participar en el resto de los juegos de Loterías del Estado como La Primitiva, la Bonoloto o el Gordo.

En primer lugar debemos acudir a una administración de lotería cercana para acordar los números y el tipo de sorteo, además de las fechas entre las que participaremos.

Una vez tengamos claro los datos del juego, procedemos a contactar con una de estas empresas para que realicen nuestras tarjetas, algunas incluyen diseño personalizado.

Y así de simple es conseguir nuestra financiación para asociaciones, en menos de 7 días tenemos las tarjetas a plena disposición.

La fórmula revolucionaria para las asociaciones

Ya que cada día es más dificil acceder a una financiación estable para nuestra asociaciones o clubes deportivos, mucha es la gente que acude a métodos alternativos, como venta de papeletas, celebraciones de rifas o sorteos y las ya mencionadas cornucopias.

La ventaja de éstas es que sin inversión inicial de nuestra parte, podemos conseguir la cantidad de tarjetas que necesitemos, para conseguir hasta 5.000 euros brutos sobre 1.000 tarjetas. Así que ya no hay excusa, es momento de hacerte con las tarjetas cornucopias, este novedoso sistema de captación de fondos.

Recuerda que solo las asociaciones sin ánimo de lucro pueden beneficiarse del uso de las cornucopias con donativo. Por el resto de los aspectos no hay de que preocuparse, ya que el fantástico equipo que está detrás de estas Cornucopias te guiará para que todo te resulte como un paseo por el jardín.

Periodismo: Razonable pero catastrófica

Una nota periodística bajo esos criterios editoriales conlleva un profundo  desconocimiento de la realidad colombiana y resulta abiertamente ofensiva para la comunidad no solo del Valle del Cauca.

A propósito de un pronunciamiento de un equipo de profesores de la Universidad Autónoma de Occidente sobre la desafortunada publicación de la Revista Hola de España resaltando a “Las mujeres más poderosas del Valle del Cauca…” junto a un disparatado acompañamiento gráfico, quedan ciertas inquietudes al respecto que merecen una reflexión.

Sin duda la crítica social por cuenta de ellos en relación con la imagen y su significado resulta pertinente. Una nota periodística bajo esos criterios editoriales conlleva un profundo desconocimiento de la realidad colombiana y resulta abiertamente ofensiva para la comunidad no solo del Valle del Cauca. Los supuestos de los que parte, suponen una sociedad que más se parece a la que padecimos dos generaciones atrás cuando las élites se valoraban por los apellidos, el color de piel y los gustos que profesaban.

Aunque nuestra Colombia aún conserva inmensos niveles de inequidad, contamos con una visión de nación mucho más incluyente, multicultural y abierta a todos los grupos sociales que estuvieron invisibilizados hasta la nueva Carta Fundamental de 1991.

Mucho aún queda por hacer. Y en ese sentido no sólo la prensa sino ante todo los otros estamentos del país – fuerzas armadas, comunidades científicas, iglesia, incluso las propias universidades y los gremios económicos y políticos – deben superar con hechos tangibles, la estereotipada idea de que colombianos afro descendientes solo sobresalen por la música y el deporte y no por sus capacidades intelectuales. ¿O acaso son las únicas opciones con las que cuentan?

Siendo razonable la crítica por cuenta de los profesores recoge sin embargo, una denostada postura intelectual que coloca a los medios de comunicación como responsables de gran parte de los males que agobian al mundo y en particular a la sociedad del presente. Es casi un paradigma que ha hecho carrera en sectores de académicos no solo en cabeza de Pierre Bourdieu cuyas citas en el texto aludido hacen parte de dos conferencias, paradójicamente televisadas, sobre la televisión y el campo periodístico unos años antes de su muerte.

Para un hombre como él, la televisión – que podría extenderse al resto de los medios – “privilegia cierto número de fast thinkers que proponen fast food cultural, alimento cultural predigerido”, concepto clave en su pensamiento, por lo que este medio de comunicación “no resulta muy favorable para la expresión del pensamiento”, ya que es imposible amalgamar la urgencia que presenta este medio y una instancia de reflexión profunda. “(…) cuando se está atenazado por la urgencia no se puede pensar”. Lo demás está dicho. Una sociedad que no tiene el espacio para pensar por sí misma, es fácil presa de las estructuras de quienes detentan los diversos poderes. Todo aquello que pueda representar logros de orden social o cultural, está lejos de la tarea de los medios de comunicación. Una concepción vinculada a la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt que desde los años treinta, cuestiona el papel de la prensa de masas, los medios de comunicación y por supuesto los periodistas bajo una postura que podríamos llamar catastrófica para describir las razones y las funciones de la prensa (los medios en general) en la sociedad actual.

Un discurso que ha hecho estragos en las salas de redacción en detrimento de la misma academia, marcando un inexplicable distanciamiento entre académicos y periodistas. Los primeros, porque suelen descalificar el trabajo de la prensa a la que consideran inocua ante el manejo noticioso ya que induce a la ciudadanía al entretenimiento y adormecimiento. Y sin negar lo pernicioso que resulta la presencia del llamado infoentretenimiento, descalificar algo por ser “muy periodístico”, resulta nefasto para entender la tarea de los medios y su responsabilidad de darle el sentido social al presente.

Los segundos, por estar inmersos en unas rutinas desbordadas en el presentismo (el presente por el presente mismo) y el último momento que poco deja a la reflexión y matiza la idea de que el valor de lo periodístico está marcado por la mera experiencia y no las consideraciones morales y sociales que representa en la comunidad. Algunos periodistas incluso descalifican – en sentido semejante a como lo hacen los académicos con ellos – a quienes cuestionan su trabajo porque lo hacen sin haber pisado “nunca una sala de redacción”. En otras palabras para estimar el oficio, hay que mirar al quien y no al cómo se hace.

Una postura marcada por un ramplón empirismo profesionalizante que reduce el periodismo y su significancia, a un oficio que se aprende con buena pluma e intuición. Lo demás se logra por añadidura desconociendo lo complejo y difícil que es el afianzar el saber periodístico con el que el reportero debe interpretar la realidad social y física para hacerla comprensible, legible y audible en unos hechos que se mueven entre interesantes e importantes en los ciudadanos que requieren de ellos, para tomar decisiones de fondo en sus vidas. Solo imaginemos a futuro un día sin periódicos para leer, ni radio para escuchar, ni internet para conectarnos en redes. Nos abrumaría sin duda la pregunta definitiva en ese instante para la existencia humana, ¿Qué es lo que está pasando?

Y de seguro ninguna de las dos posturas antes descritas, tendrá la respuesta adecuada.